Para continuar con lo de la identidad difícil, se me ocurrió contar un breve parte de mi biografía.
De pequeños casi todos tenemos dificultades para socializar, y desarrollar una buen manejo de este tipo de relaciones suele ser un proceso prolongado, que se suele mas o menos concluir casi en la adultez, o en muchos casos la gente jamás llega a manejarlo y se acostumbra a vivir con sus dificultades, terminando mas o menos de esta forma:
Hoy en día la figura del ser “huraño, antisocial y sensible” ha sido utilizada inescrupulosamente por los “Emo”, personajes que, a pesar de su teóricas condiciones “antisociales”, terminan conformando grupos de gente relativamente grandes, cuyos integrantes son consumidores compulsivos de la tecnología, el “mainstream” musical (fíjense los términos que manejo. Re chetos) y una vestimenta total y absolutamente estereotipada. No confundamos “antisocial” con “adolescente con problemas de identidad e identificación de grupo”. Este último síndrome lo tiene o lo tuvo TODA la gente. Que no lo hayan padecido es otra cosa. A veces, uno encuentra su “tribu urbana” (termino totalmente erróneo) mucho antes de que se le despierte el conflicto de identificación, como suele ser el caso de los chicos que hacen deportes desde la niñez, y luego crecen y siguen inmersos en ese, su ámbito social que los cobija. Después esta también el caso intermedio: el loco que BUSCA su grupo, incorporándose a alguno de los “paquetes sociales” mas populares, como el “bolichero”, algún grupo basado en géneros musicales (los mas comunes: rolinga, metalero, cumbiero…) Me refiero a este caso como “intermedio”, ya que si bien el sujeto no se incorpora de manera natural en el paquete y debe esforzarse y padecer un poco a la hora de ingresar (muchas veces hay que pagar derecho de piso), no llega a tener la angustia del “¿QUÈ soy?, porque aunque aun no pertenezca, sabe a donde quiere pertenecer.
En mi caso particular, existieron los dos fenómenos. Soy una persona que tiene algo de antisocial, que muchas veces busca el estar solo, porque es la manera en la que me siento cómodo para muchas cosas; o en otros casos, suelo tener una aversión importantes por TODOS los “paquetes sociales”, incluyendo lo míos propios.
Ahora; yo también fui adolescente y también tuve problemas identificación (combinación explosiva con el “me cae mal casi todo el mundo”, o también llamado “el síndrome social de la gata flora”: quiero pertenecer, pero son todos unos giles!).
Recuerdo como inició todo. Yo era pequeño, apenas empezaba el jardín de infantes, y también empezaban los conflictos humanos. El recuerdo mas antiguo que tengo de mi vida pertenece a ese momento: yo estaba en el jardín, mas específicamente en el arenero, jugando con algo que yo recuerdo como una palita y un balde, cuando un chico de la salita mas grande irrumpió en mi tierna fantasía infantil para, impune, despojarme de los juguetes que estaba utilizando. Así empezaba, a mis 2 añitos.
Mas adelante, hasta preescolar creería yo, la verdad es que era bastante forro. Tengo el recuerdo (y siempre cuento la historia culpando a la maestra, aunque la verdad, no me acuerdo la posta) de haber sido mandado al rincón en preescolar por no querer tomar el té. O sea, si no tengo hambre no tengo hambre, no rompas las bolas. A mis casi 22 años, lo digo seguro y altivo, pero la verdad, es que no me acuerdo si a la maestra le fui educado o le dije “O sea, si no tengo hambre no tengo hambre, no rompas las bolas.” En ese caso, tengo merecido el rincón, y le pido disculpas a la seño Sandra. [En caso de que yo haya sido educado, seño, sepa que le guardo un gran desprecio].
Pongo en duda todas estas situaciones, porque si bien no me las acuerdo enteras, tengo memoria de otras en las que si me fui al carajo y pagué, dejando abierta la posibilidad de no haber sido el inocente en las que no recuerdo bien.
Más de grande, como a los 8, encontré mi lugar en la sociedad: al costado. A mi no me intereso jamás lo que les interesaba a todos, y odiaba tener que dedicarme a ello, y que encima los demás te bardeen para que te esfuerces porque a ellos si les importaba. El caso mas claro es el fútbol. A esa edad, tenia que pasar 4 horas semanales en la clase de gimnasia (que era 10 minutos de correr y estirar, y jugar al fútbol durante 110 minutos, duraba 2 horas cada clase). El fútbol siempre me pareció una cosa aburrida, prefería otra actividad, como simplemente correr o, mejor aun, quedarme en mi casa a jugar al SEGA. Mi nulo e inexistente interés se veía reflejado en mi desempeño deportivo, lo cual alteraba a mis compañeros emocionalmente. Para ellos, cada partido era una batalla épica entre el bien y el mal, donde se debatían la supremacía social del grado en cada tiro al arco. Eso me parecía aun más idiota todavía. Yo nunca dije que lo que yo quería hacer (boludear al extremo y darle al video juego) sea la posta y sea lo mejor del mundo, pero un gil que porque erras una pelota se calienta como si le hubieses pegado a la madre y encima te trate de idiota y de incapacitado, no es algo que me motive. Pero bueno, todo cambia, y en mi defensa, quiero decir que con el tiempo me adapte. Con el paso del tiempo, los partidos de fútbol para mi también se volvieron una batalla épica, no entre el bien y el mal, sino entre yo mi mis compañeros. Nunca fui un buen jugador de fútbol, así que poco podía hacer parar darle masa a los opositores; por eso, tuve que recurrir a algo mucho más sucio y divertido: sabotear a mi propio equipo. Las estrategias mas comunes eran “no llegar” a ninguna pelota (siendo defensor o arquero, o sea que nos entraban todas) y mandarla siempre afuera cada vez que la tocaba. La mejor era meter algún gol en contra, ese era el tiro de gracia, pero lamentablemente no lo podía hacer seguido porque: a) como era re malo jugando, me salía mal el intento b) el arquero las atajaba, y c) se iban a dar cuenta de que los estaba jodiendo y me iban a cagar a trompadas mal, además de que el profesor seguro alguna sanción me ponía. Mis compañeros pensaban que yo era un pelotudo, yo pensaba que ellos eran unos pelotudos. Ellos eran los “in” en el curso (que a esa edad es el mundo), y yo, como una letra, como un símbolo, encontré mi identidad en la oposición con los demás componentes del sistema al que estaba integrado, así que fui lo “out” desde ese momento.
[Texto en tiempo real: acaba de venir un amigo exclusivamente a decirme “Mati, vos tenes menos fútbol que la revista Cosmopolitan” El loco no tiene ni idea de que precisamente estaba escribiendo sobre eso en este momento.]
La dejo acá. En otro post continuare contando las idas y venidas de mi vida, quizá, tal vez, si me viene en Ghana
Sparks

"...tenia que pasar 4 horas semanales en la clase de gimnasia (que era 10 minutos de correr y estirar, y jugar al fútbol durante 110 minutos, duraba 2 horas cada clase)" Tu aclaración del final fue lo mejor jajajajaja. Por un momento pensé "es obvio!" pero luego dije "puede que adrix no lo haya visto" xD!! Jajajajajajaja pa que veas que sí lo leo :D
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